domingo, 5 de julio de 2015

Menos cuatro por diez

Era un 8 de octubre a medido día en las altas montañas de "veinte" era curioso porque a esas horas el sol estaba en su punto exacto, radiante, cálido, acogedor, un poco nostálgico, naranja. y era lógico estaba a punto de oscurecer, era una hora mágica, cualquier cosa podría pasar al mediodía y siempre saldría bien, ya sea que murieras, comieras, soñaras o te enamorarás, ese son duda era la hora perfecta. Menoscuatro era como cualquiera que se dijera que es cualquiera, es decir único sin relucir entre los demás, así era él, no hay otra manera para describirlo que esa, auténticamente único pasando desapercibido siempre sin embargo amado por todos.

A pesar de las altas alturas de la montaña y de la nieve que llenaba todo el paisaje, no era necesario usar grandes abrigos, es más, con unas sandalias y en ropa interior podrías andar de lo más cómodo.  Y así paseaba todas las tardes Pordiez, le gustaban bastante, al contrario del medio día eran solitarias, oscuras, frías, calmadas; pero para su mala fortuna esa tarde florecían margaritas en la montaña, entre la nieve frotaban y Pordiez las odiaba. Así que decidió hacer una excepción y esperar al mediodía para salir a pasear, a esa hora seguramente las margaritas se habrían marchitado.

Solo de esa forma Menoscuatro y Pordiez se encontraron ese 8 de octubre. Gracias al miedo irracional de Pordiez hacía las margaritas. Menoscuatro la noto de inmediato, ella no era de las personas que pasan desapercibidas, irradiaba una luz que era difícil de evitar, era tanta su luz y de un color tan frío que la demás gente en "Veinte" la evitaba, no soportaba ni siquiera el destello que ella aunque estuviera lejos emitía, sin embargo a Menoscuatro al verla sintió un terror inmenso que lo obligo a quedarse y a tomar la decisión de conocer a aquella llamada Pordiez.


Bastaron solo 1 300 años para que aquellos dos se conocieran a la perfección, solo se vieron y lo supieron todo, y ese todo era maravilloso. Estuvieron juntos los próximos 5 segundos, durante los cuales se amaron como nunca nadie hubiera imaginado, la luz de Pordiez era aún más insoportable y el amor de la gente hacía Menoscuatro creció inimaginable mente. Era una confusión total para todo el mundo en "veinte" verlos juntos, no sabían si correr a amar a Menoscuatro o huir a la odiable luz de Pordiez. Todo marchaba bien hasta que la luz con el paso de los segundos perdía su fulgor.

Y con la pérdida de la luz Menoscuatro se desencantaba a pasos acelerados de Pordiez, eso lo ponía tan eufórico que decidió hacer algo rápido para remediar la situación. Ella claro que estaba espantada y no por el hecho de que el amor de su vida se alejara, sino por la pérdida de su tan amada luz. Juntos pero no tanto se pusieron a buscar desesperadamente la solución a tan grande problema. Pasaron miles de segundo, segundos y más segundos y sólo se percataron de que las margaritas a Pordiez ya no le asustaban.

Fue entonces que Él le pregunto al fin el porqué de su miedo a las flores en especial a las margaritas, aunque suene raro Ella tampoco lo sabía solo sentía un miedo terrible. Reflexionó sobre aquello y al fin se dio cuenta. Eran las raíces.

Las raíces de aquella flor que solo vivía una tarde. Eran tan frágiles, por qué tanta belleza no podía volar y no perecer, las odiaba por a que su modo de ver siempre estaban atadas a una tierra que solo les permitía vivir una tarde, las odiaba porque ella sabía en su corazón que si las margaritas se desprendieran de su raíz podrían volar, y ser libres aunque vivieran menos.

La pérdida de su luz se debía a lo mismo, Menoscuatro no tenía sueños y Pordiez vivía de ellos, al estar juntos era más fuerte el amor de la indiferencia de Menoscuatro, que el amor de los sueños de Pordiez. Sin la luz ya no se soportaban, pelaban y se odiaban se mataban cada noche a la vista de todos. No soportaron más. Se separaron.



Fue la mejor decisión que pudieron tomar, en años Pordiez recobro su luz, tan insoportable como siempre y menos cuatro seguía siendo amado por todos. Al mediodía del 8 de octubre cuando las margaritas florecían en la tarde, ellos se encontraban y se amaban como antes. Solo así los sueños y el amor pudieron gozarse infinitamente.


                                                                                                             -Raquel Alitzel-