Era un 8 de octubre a medido día
en las altas montañas de "veinte" era curioso porque a esas horas el
sol estaba en su punto exacto, radiante, cálido, acogedor, un poco nostálgico,
naranja. y era lógico estaba a punto de oscurecer, era una hora mágica,
cualquier cosa podría pasar al mediodía y siempre saldría bien, ya sea que
murieras, comieras, soñaras o te enamorarás, ese son duda era la hora perfecta.
Menoscuatro era como cualquiera que se dijera que es cualquiera, es decir único
sin relucir entre los demás, así era él, no hay otra manera para describirlo
que esa, auténticamente único pasando desapercibido siempre sin embargo amado
por todos.
A pesar de las altas alturas de
la montaña y de la nieve que llenaba todo el paisaje, no era necesario usar
grandes abrigos, es más, con unas sandalias y en ropa interior podrías andar de
lo más cómodo. Y así paseaba todas las
tardes Pordiez, le gustaban bastante, al contrario del medio día eran
solitarias, oscuras, frías, calmadas; pero para su mala fortuna esa tarde
florecían margaritas en la montaña, entre la nieve frotaban y Pordiez las
odiaba. Así que decidió hacer una excepción y esperar al mediodía para salir a
pasear, a esa hora seguramente las margaritas se habrían marchitado.
Solo de esa forma Menoscuatro y
Pordiez se encontraron ese 8 de octubre. Gracias al miedo irracional de Pordiez
hacía las margaritas. Menoscuatro la noto de inmediato, ella no era de las
personas que pasan desapercibidas, irradiaba una luz que era difícil de evitar,
era tanta su luz y de un color tan frío que la demás gente en
"Veinte" la evitaba, no soportaba ni siquiera el destello que ella
aunque estuviera lejos emitía, sin embargo a Menoscuatro al verla sintió un
terror inmenso que lo obligo a quedarse y a tomar la decisión de conocer a
aquella llamada Pordiez.
Bastaron solo 1 300 años para que
aquellos dos se conocieran a la perfección, solo se vieron y lo supieron todo,
y ese todo era maravilloso. Estuvieron juntos los próximos 5 segundos, durante
los cuales se amaron como nunca nadie hubiera imaginado, la luz de Pordiez era
aún más insoportable y el amor de la gente hacía Menoscuatro creció
inimaginable mente. Era una confusión total para todo el mundo en
"veinte" verlos juntos, no sabían si correr a amar a Menoscuatro o
huir a la odiable luz de Pordiez. Todo marchaba bien hasta que la luz con el
paso de los segundos perdía su fulgor.
Y con la pérdida de la luz
Menoscuatro se desencantaba a pasos acelerados de Pordiez, eso lo ponía tan
eufórico que decidió hacer algo rápido para remediar la situación. Ella claro
que estaba espantada y no por el hecho de que el amor de su vida se alejara,
sino por la pérdida de su tan amada luz. Juntos pero no tanto se pusieron a
buscar desesperadamente la solución a tan grande problema. Pasaron miles de
segundo, segundos y más segundos y sólo se percataron de que las margaritas a
Pordiez ya no le asustaban.
Fue entonces que Él le pregunto
al fin el porqué de su miedo a las flores en especial a las margaritas, aunque
suene raro Ella tampoco lo sabía solo sentía un miedo terrible. Reflexionó
sobre aquello y al fin se dio cuenta. Eran las raíces.
Las raíces de aquella flor que
solo vivía una tarde. Eran tan frágiles, por qué tanta belleza no podía volar y
no perecer, las odiaba por a que su modo de ver siempre estaban atadas a una
tierra que solo les permitía vivir una tarde, las odiaba porque ella sabía en
su corazón que si las margaritas se desprendieran de su raíz podrían volar, y
ser libres aunque vivieran menos.
La pérdida de su luz se debía a
lo mismo, Menoscuatro no tenía sueños y Pordiez vivía de ellos, al estar juntos
era más fuerte el amor de la indiferencia de Menoscuatro, que el amor de los
sueños de Pordiez. Sin la luz ya no se soportaban, pelaban y se odiaban se
mataban cada noche a la vista de todos. No soportaron más. Se separaron.
Fue la mejor decisión que
pudieron tomar, en años Pordiez recobro su luz, tan insoportable como siempre y
menos cuatro seguía siendo amado por todos. Al mediodía del 8 de octubre cuando
las margaritas florecían en la tarde, ellos se encontraban y se amaban como
antes. Solo así los sueños y el amor pudieron gozarse infinitamente.
-Raquel Alitzel-