La chica estaba dudosa, la capa
que siempre la había cobijado, ondulaba con el aire que soplaba, pero esta vez
no sentía la seguridad que siempre le había dado.
La luna en lo alto alumbraba
todos los techos de los edificios que se levantaban frente a ella y abajo la
calle era alumbrada por la Luz amarilla del alumbrado público que bajo esa
perspectiva se sentía lúgubre y embriagador, inundando de soledad el corazón
que nunca había estado solo.
La chica quería volar, pero no se
decidía a hacerlo, quería ser libre sin saber que ya lo era y con sus ojos
inundados escucho el susurro del viento que le decía “confía en mí”
La chica entonces alzo vuelo
hacia el cielo semidespejado y adornado por algunas estrellas que pronto serían
sus amigas.
-Dose-