Era una mañana oscura
y el sol brillaba
Tal cual todos los domingos
entre semana
Caminando en el mar sobre mi
corcel
El cual tenía ya poco
combustible
Los elefantes verdes
bailaban de flor en flor
El viento soplaba mientras
las nubes nevaban
Y yo, sentado en una piedra
de madera
Leyendo un libro sin letras
De fantasía verdadera
Con bellos ponis unicornios
como hamburguesas
Lo leía con la luz apagada
Cuando de pronto
Apareció una sombra
invisible
Y yo tranquilamente
sorprendido
Saqué mi pistola de cuatro
filos
Apuntándole justo al pecho
entre ceja y ceja
Le di una patada, con la
mano derecha
-Marco-