sábado, 18 de julio de 2015

La nada llegó y no quería abrirle.


Me resistí a dejarla pasar a mi hogar que tanto había cuidado, que tanto trabajo me había costado construir. Entonces ella con su poder de diosa condenada me empujó  y entró de un golpe, fuerte y sordo. Me miró a los ojos mientras yo yacía en el piso y no movió los labios ni una sola vez. Pude escuchar el susurro de sus palabras frías que daban sentencia inerte a mi razón desbaratada. Movió sus labios solo para sonreír mientras me invadía poco a poco y ya no podía ni llorar. Lo intenté una y mil veces, antes de que me invadiera por completo, cuando aún sentía desesperación.
Sentí mil manos en mi espalda, me sentí bien pues ya no sentía desgracia.
La nada poco a poco me quitaba toda la desdicha que me hacía sentir dolor y creí haber encontrado la paz por fin.

Podía ver desgracia sin dolor. Podía ver la vida sin temerle.
Podía ver el amor como una sensación lejana que ya no prometía nada y tampoco me quitaba algo.

Y me sentí bien porque eso era lo que quería; unos ojos que se abrieran sin pavor.
La nada era mi amiga.

Pero la nada no es amiga de nadie, porque la nada no es algo.
Y no llegó a la puerta, yo nunca la dejé entrar.
Fue mi sueño vacío el que la dejó anidar aquí.
No le abrí, porque ella vive en mí y me di cuenta cuando poco a poco comencé a dejar de ver, a dejar de oír. Intenté asomarme a la ventana para sentir de nuevo algo; el aire, el polvo, la luz, los colores. No lo logré.

¿Cómo correr de algo que no es algo pero que sientes infame correr por tu cuerpo y dejarlo tan seco?

Tocan a la puerta y eres tú.
¿Acaso eres tú la respuesta a la nada?
Si así lo fueras serías el dolor que me volvería a hacer sentir.
No abro la puerta.
Y te quedas afuera.
Con tu dolor que me salvaría.
Prefiero morir en la nada, que morir de ti.

Regresa pronto, probablemente mañana si te quiera aquí.

Regresa pronto la nada es lo opuesto a ti.



-Córdova.